Rosas cristalizadas.
¿En qué momento perdemos la esperanza?
Eso es lo que me preguntaba yo.
El invierno agitaba fuertemente a nuestra ciudad, las calles estaban llenas de nieve, hojas de Arce vestían con vestidos de hielo en los sumideros de las alcantarillas. Entre los copos de nieve que caían del cielo grisáceo iba divisando los escaparates rebosantes de felicidad. Ya era navidad, y se notaba. Se notaba en el embriagador aroma de los dulces navideños, en la delicada sinfonía de los coros y en las abundantes luces que abordaban las calles. Algunos grupos de niños observaban las jugueterías mientras sus pequeños ojos brillaban, aquella imagen trajo a mi mente a esa pequeña chiquilla que pasaba horas mirando como aquellos chiquillos, llena de esperanza, ilusión y alegría.
Caminaba por la calle abrigada con mi bufanda y mis orejeras de pelo,
Cuando de pronto en un escaparate de una pastelería vi una delicia que llamo mi atención.
Mis ojos no podían dejar de mirar aquellas bellezas, "Rosas cristalizadas" decía el cartel.
Posadas en una pequeña bandeja de plata brillaban unos pequeños pétalos de rosa escarchados.
Había diversos colores y cada una parecía más deliciosa que la anterior.
Simplemente por probar, entre a aquella curiosa pastelería. Al abrir la puerta una pequeña campana de cristal que se mecía encima de esta sonó, dando unos pequeños tintineos parecidos a las que producen las gotas de lluvia cuando chocan contra un cristal.
En unos pasos tímidos me fui aproximando al mostrador, curiosee los demás dulces con dedicación y cada cual era más raro que el anterior.
La tendera tosió de tal manera que me sobresalte. Era una bellísima mujer, tenía una melena rizada de cabellos blancos, sus ojos verdes hierba deslumbrantes me miraban. Parecía un hada de los dulces. Su sonrisa poco definida y los ojos denotaban una pequeña tristeza, pero aquella combinación era encantadora.
-¿Desea algo? dijo la tendera con su delicada voz.
-¿Me podría poner un pétalo de cada rosa cristalizada por favor?
La tendera asintió enérgicamente con la cabeza y son sus delicadas y finas manos puso pétalo por pétalo cada uno en sus respectivas cajitas. Al terminar la tarea hizo cuentas y me comento los cálculos. Yo estire el brazo para darle el dinero.
-Toma aquí los tienes, aunque debo advertirte de algo muy importante.-Dijo mientras me devolvía los cambios y una pequeña bolsa
Yo la mire con curiosidad mientras los sujetaba.
-Ves que hay rosas de 6 colores ¿Verdad? Cada una Te hace sentir de una manera diferente, lo curioso de la historia es que todos los que han comido todos los pétalos no han vuelto.
La tendera sonrió. Parece que me ha gastado una broma, pensé, yo le respondí con otra sonrisa y le conteste que lo tendría en cuenta.
¿En qué momento perdemos la esperanza?
Eso es lo que me preguntaba yo.
El invierno agitaba fuertemente a nuestra ciudad, las calles estaban llenas de nieve, hojas de Arce vestían con vestidos de hielo en los sumideros de las alcantarillas. Entre los copos de nieve que caían del cielo grisáceo iba divisando los escaparates rebosantes de felicidad. Ya era navidad, y se notaba. Se notaba en el embriagador aroma de los dulces navideños, en la delicada sinfonía de los coros y en las abundantes luces que abordaban las calles. Algunos grupos de niños observaban las jugueterías mientras sus pequeños ojos brillaban, aquella imagen trajo a mi mente a esa pequeña chiquilla que pasaba horas mirando como aquellos chiquillos, llena de esperanza, ilusión y alegría.
Caminaba por la calle abrigada con mi bufanda y mis orejeras de pelo,
Cuando de pronto en un escaparate de una pastelería vi una delicia que llamo mi atención.
Mis ojos no podían dejar de mirar aquellas bellezas, "Rosas cristalizadas" decía el cartel.
Posadas en una pequeña bandeja de plata brillaban unos pequeños pétalos de rosa escarchados.
Había diversos colores y cada una parecía más deliciosa que la anterior.
Simplemente por probar, entre a aquella curiosa pastelería. Al abrir la puerta una pequeña campana de cristal que se mecía encima de esta sonó, dando unos pequeños tintineos parecidos a las que producen las gotas de lluvia cuando chocan contra un cristal.
En unos pasos tímidos me fui aproximando al mostrador, curiosee los demás dulces con dedicación y cada cual era más raro que el anterior.
La tendera tosió de tal manera que me sobresalte. Era una bellísima mujer, tenía una melena rizada de cabellos blancos, sus ojos verdes hierba deslumbrantes me miraban. Parecía un hada de los dulces. Su sonrisa poco definida y los ojos denotaban una pequeña tristeza, pero aquella combinación era encantadora.
-¿Desea algo? dijo la tendera con su delicada voz.
-¿Me podría poner un pétalo de cada rosa cristalizada por favor?
La tendera asintió enérgicamente con la cabeza y son sus delicadas y finas manos puso pétalo por pétalo cada uno en sus respectivas cajitas. Al terminar la tarea hizo cuentas y me comento los cálculos. Yo estire el brazo para darle el dinero.
-Toma aquí los tienes, aunque debo advertirte de algo muy importante.-Dijo mientras me devolvía los cambios y una pequeña bolsa
Yo la mire con curiosidad mientras los sujetaba.
-Ves que hay rosas de 6 colores ¿Verdad? Cada una Te hace sentir de una manera diferente, lo curioso de la historia es que todos los que han comido todos los pétalos no han vuelto.
La tendera sonrió. Parece que me ha gastado una broma, pensé, yo le respondí con otra sonrisa y le conteste que lo tendría en cuenta.
Cuando llegue a casa me acomode en el suelo y puse frente a
mi todas las cajitas. ¿Cuál debía
degustar primero? Dude por unos segundos entre el rojo y el azul pero
por fin me decidí por la primera opción.
Sin pensármelo más lo saqué de su cajita y cogiéndolo con
mis delgados dedos lo introduje en mi boca.
Era un gusto agradable que invadía mis papilas gustativas, el sabor más agradable de lo que podáis imaginaros recorría todo mi cuerpo. Se sentía dulce pero a la vez amargo, a veces unos toques de calor como el fuego, otras una sensación fría como el hielo. Era extraño pero aquella combinación de sabores era extraordinaria. Mi corazón latía con fuerza, las pupilas empezaron a dilatarse, la boca se me secaba mientras relamía mis labios. Posé mis dedos en los labios como si notase que me los acariciaban, mi cuerpo sin poder resistir aquella sensación se desplomo en la suave alfombra del habitáculo.
Tras un par de horas sintiendo aquella maravillosa experiencia, pensé en comerme otro, aunque me daba lástima echarlos a perder tontamente. Dude durante un par de minutos pero mi curiosidad gano la batalla y esta vez me decante por el verde.
Cogí la cajita verde despacio y lo abrí, me metí el pétalo verde en la boca.
Aquel sabor no me gusto. Esta vez la rabia se apoderaba de mi, mis manos temblaban y apretaba los puños con fuerza. No podía aguantarlo, mi cuerpo tenso se levanto en un gesto de ira y empezó a empujar todo aquel objeto que encontrase a su paso. Lamparas, portafotos y varios surtidos de objetos sobrevolaron la habitación estampándose contra las paredes y reventando en mil pedazos. ¿Qué me pasa?, pensé. Pero mi mente no encontraba solución.
Era un gusto agradable que invadía mis papilas gustativas, el sabor más agradable de lo que podáis imaginaros recorría todo mi cuerpo. Se sentía dulce pero a la vez amargo, a veces unos toques de calor como el fuego, otras una sensación fría como el hielo. Era extraño pero aquella combinación de sabores era extraordinaria. Mi corazón latía con fuerza, las pupilas empezaron a dilatarse, la boca se me secaba mientras relamía mis labios. Posé mis dedos en los labios como si notase que me los acariciaban, mi cuerpo sin poder resistir aquella sensación se desplomo en la suave alfombra del habitáculo.
Tras un par de horas sintiendo aquella maravillosa experiencia, pensé en comerme otro, aunque me daba lástima echarlos a perder tontamente. Dude durante un par de minutos pero mi curiosidad gano la batalla y esta vez me decante por el verde.
Cogí la cajita verde despacio y lo abrí, me metí el pétalo verde en la boca.
Aquel sabor no me gusto. Esta vez la rabia se apoderaba de mi, mis manos temblaban y apretaba los puños con fuerza. No podía aguantarlo, mi cuerpo tenso se levanto en un gesto de ira y empezó a empujar todo aquel objeto que encontrase a su paso. Lamparas, portafotos y varios surtidos de objetos sobrevolaron la habitación estampándose contra las paredes y reventando en mil pedazos. ¿Qué me pasa?, pensé. Pero mi mente no encontraba solución.
Estaba cegada por aquel sabor tan amargo, tan Acido, tan
irritante…
Al cabo de las horas mi cuerpo paró en seco. Mis jadeos
inundaban la silenciosa estancia, el sudor caía de mi rostro como pequeñas
gotas a la afelpada alfombra. Mi cuerpo agotado no pudo más que derrumbarse y
mantenerse en aquella posición durante
un momento, hasta que recobre otra vez la cordura
¿Que había pasado? ¿Por qué no podía controlar mi cuerpo?
¿Como podía este pétalo tener esos efectos? Mi mente no podía dar crédito a lo que acababa de experimentar. Entonces recapacite en las palabras de la tendera. Cada pétalo daba una sensación. Mire las cajitas de colores fijamente, sin apartar la mirada mi mente se enfrentaba al mismo dilema que antes. ¿Debía probar otro? Mi mano se movía con intención de coger otra cajita. Pero cuando ya estaba a punto de rozarla, esta temblaba y volvía a su posición.
¿Debía probar otra más? Se volvió a preguntar mi mente. Tal vez esta vez no se sienta tan mal, pensé.
¿Como podía este pétalo tener esos efectos? Mi mente no podía dar crédito a lo que acababa de experimentar. Entonces recapacite en las palabras de la tendera. Cada pétalo daba una sensación. Mire las cajitas de colores fijamente, sin apartar la mirada mi mente se enfrentaba al mismo dilema que antes. ¿Debía probar otro? Mi mano se movía con intención de coger otra cajita. Pero cuando ya estaba a punto de rozarla, esta temblaba y volvía a su posición.
¿Debía probar otra más? Se volvió a preguntar mi mente. Tal vez esta vez no se sienta tan mal, pensé.
Mis pensamientos giraban en torno a las cajitas, no había nada
más en mi mundo que aquellos pétalos. Pasé
horas y horas con las mismas preguntas circulando por mi cabeza.
Intente levantarme he ir a hacer
otras cosas, pero la curiosidad se apoderaba de mi y hacia que sin darme cuenta
volviera a estar en la misma posición mirando las dichosas cajitas y replanteándome
la posibilidad de probarlas de nuevo. Estaba agotada, de las mismas preguntas,
de las mismas respuestas. ¡Quiero ponerle fin a esto de una vez! Me dije a mi misma con fuerza.
-Pruebo todas y cada una de ellas y se acabo el problema, podre
volver a mi vida y hacer las cosas
rutinarias que siempre hago.-Comente en voz alta.
-Si ya las gasto no tendré tentaciones de volver a probarlas,
ni tampoco curiosidad. -Añadí para reforzar la solución.
Después cogí el pétalo azul y me lo comí despacio para
saborearlo.
Era una sensación y un sabor amargo, y a la vez frio. Una sensación de impotencia se apodero de mí ser.
Era una sensación y un sabor amargo, y a la vez frio. Una sensación de impotencia se apodero de mí ser.
Me sentía sola en aquel momento. como si todo el mundo se
hubiera derrumbado frente a mí en miles de pedacitos minúsculos. Mi cuerpo frio
he inmóvil pesaba. Los ojos se me llenaron de lagrimas en un instante, pero a
los segundos note como pequeñas cálidas gotas caian derramándose por mis
mejillas. Mi respiración era discontinua y hacia que emitiera pequeños sollozos
que sonaban en medio de la noche como un lamento de desesperación. No pude más
que llorar y llorar. Mis ojos irritados por las lágrimas pedían clemencia, llevaba
horas llorando pero aquello no parecía cesar. De pronto al pasar unas horas más
con los ojos como grifos estos pararon y
por fin pude sentir alivio al saber que estos por fin podrían descansar.
Cuando ya se me paso del todo aquel sufrimiento fui a coger el morado.
Tenia prisa por acabarlos, mi curiosidad y mis ansias por acabar aquella esclavitud me dominaban.
Por lo que me lo metí rápidamente en la boca. Al metérmelo empezó a sentir un dolor fuerte en la tripa. Empecé a sentir fuertes golpes por todo mi cuerpo, mis labios se empezaron a cortar y mi boca sangraba. Yo asustada me lleve las manos a la boca y me acurruque en el suelo. Pero aquello no pasaba. Cada momento era más intenso Escuchaba como cada uno de mis huevos crujía, sentía como si alguien me estuviera dando una paliza de muerte, pero en mi habitación no había nadie.
El sabor de aquel pétalo era salado, ardía como si tuviera ascuas que se entremezclaban con el gusto a cobre de mi sangre. Me maree hasta tal extremo que perdí en conocimiento. Al cabo de las horas desperté, mi cuerpo casi no se sostenía todo el estaba dolorido. Pero estaba enloquecida de curiosidad, ansiedad, impotencia.
Por lo que cogí el pétalo blanco deprisa y me lo metí en la boca.
Al comérmelo experimente calma, silencio, y una sensación más agradable que la primera. Era mágico, mi mente estaba en otro lugar, mi cuerpo ya no se estremecía de dolor. Flotaba en el nirvana. Un sabor suave y dulce revoloteaba por todo mi cuerpo.
Cuando se me pasaron totalmente los efectos mi cuerpo ya no estaba dolorido para nada y me podía mover con soltura, ya no sentía la necesidad de acabar los pétalos. Me sentía libre de aquel maleficio. Pero mi curiosidad seguía rondando por los pensamientos.
¿Debía probar el último de todos?
-Bueno, ya solo queda uno.-Dije acercándome a la pequeña
cajita negra.
Mis ojos no dejaban de mirarla, todavía podía experimentar aquella
sensación de tranquilidad en mi cuerpo por lo que me anime a probar el último
de todos.
Lo cogí nerviosa, mis manos temblaban como has que mece el viento. Esta vez con miedo me lo metí a la boca.
Lo cogí nerviosa, mis manos temblaban como has que mece el viento. Esta vez con miedo me lo metí a la boca.
No sabía a nada. Intente masticarla para poder sacar el jugo
de ella pero era inútil, pero carecía de ello.
Extrañada cogí una por una todas las cajitas y me pude
divisar unas pequeñas palabras escritas en dorado.
En la roja ponía amor, en la verde Celos, en la azul
tristeza, en la morada dolor, en la blanca paz y por ultimo en la negra muerte.
Mi cara puso una mueca de horror, mi cuerpo pegando un bote
hizo que las cajitas salieran volando en direcciones diversas. Intenté levantar
mi cuerpo pero para cuando me di cuenta todo estaba oscuro, la habitación había
desaparecido. Sentía vacio, frio, humedad. Intente gritar pero mis cuerdas
vocales no emitían sonido alguno, luche por moverme pero mi cuerpo no respondía.
Con un dolor terrible de Corazón y un agujero en el vientre estuve en la
oscuridad, durante días, semanas, meses e incluso años. Sin poder mover ni un ápice
de mi cuerpo.
Nunca más salí de ahí. Por fin pude saber en qué momento perdemos la esperanza.
Cuando nuestra vida acaba, entonces es cuando perdemos la esperanza.
Nunca más salí de ahí. Por fin pude saber en qué momento perdemos la esperanza.
Cuando nuestra vida acaba, entonces es cuando perdemos la esperanza.